lunes, 14 de abril de 2014

EL SECUESTRO DEL SANTA MARÍA. UNA ACCIÓN OLVIDADA DE LA OPOSICIÓN AL FRANQUISMO - 4/5

Viene de: "El Secuestro del Santa María. Una acción olvidada de la Oposición al Franquismo. ,   y


“Un avión de patrulla de Estados Unidos encontró en medio del Atlántico el barco portugués Santa María en poder de unos rebeldes, les dijeron que se dirigían a la colonia portuguesa de África occidental de Angola. Su captor, el capitán Henrique Galvao, negó la petición de cambiar el rumbo y dirigirse a Puerto Rico. Ahora, si el tiempo lo permite, el buque se mantendrá a la vista de los aviones patrulla estadounidenses hasta que sea interceptado o toque algún puerto” (1:01) “Tras el avistamiento se produjo una reunión entre el Departamento de Estado y el Pentágono para dictaminar si la toma del barco podía considerarse un acto de piratería. Las autoridades consideran que dictaminar que se había cometido piratería solo puede hacerse una vez interceptado este y abierta una investigación”. (1.203). 26 enero de 1961 Cronología diaria del NYT de la Biblioteca y Museo presidencial de John F. Kennedy

El piloto estadounidense les transmite por radio que el almirante Robert Dennison, comandante en jefe de la Flota del Atlántico de Estados Unidos, les ordena dirigirse al puerto de San Juan de Puerto Rico, Galvão le responde que no aceptan órdenes de autoridades extranjeras y que si les intentan atacar no se entregarían; preferían hundir el barco antes, sin embargo estarían dispuestos a “conferenciar a bordo de la Santa María con autoridades norteamericanas”, negándose a hacerlo con autoridades portuguesas y españolas.

Reflexionan sobre lo que puede pasar a partir de ese momento, ellos navegan a 20 nudos en dirección a África y a esa velocidad no creen que se pueda hacer un abordaje, la posibilidad de una colisión provocada hundiría los dos barcos. También piensan en la posibilidad de que bombardeen el buque para dejarlo sin gobierno e intentar un abordaje en el que 24 hombres mal armados poco tendrían que hacer, pero en el que se podría producir una carnicería también en el pasaje. Quedan a la espera del desarrollo de los acontecimientos vigilados permanentemente por un avión de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos que periódicamente es reemplazado.

Henrique Gãlvao

A partir de la localización del buque se avivan antiguos problemas entre los portugueses y los españoles del comando y se manifiestan las diferencias de criterio entre los tres comandantes con el agravamiento de que, según Sotomayor, Velo y Galvão ni se dirigían la palabra desde antes del secuestro por diversos desencuentros en la planificación de la acción, la enemistad entre los dos llega a tal punto que, a pesar de que Velo aparece junto a Gãlvao en la rueda de prensa que dan después del secuestro y de que en la entrevista a los tres miembros del Estado Mayor del DRIL a “Blanco y Negro” aparece como el “Director General de la banda”,  Henrique Gãlvao en su libro “Santa María, My Crusade for Portugal” (publicado en 1961 por The World Publishing Company de Ohio 1961) solo hace referencia a él en la página 179 cuando relata la subida al barco de los miembros del comando. Según el libro de Gãlvao él era el Comandante en Jefe y Sotomayor su mano derecha, sobre todo en cuanto a navegación; cuestión que es totalmente desmentida por el gallego en “24 Hombres y nada más” y en “Yo robé el Santa María”.

viernes, 4 de abril de 2014

CARMIÑA, A DO INGLÉS.


Ilustración de Bellina (@bellina_be)

Volvía de Finisterre, el destino final, mágico y ancestral del Camino de Santiago. En la ciudad donde yacen los restos de Prisciliano, el obispo herético confundido con el hijo del Zebedeo, asistí a la misa del peregrino, abracé al Apóstol y aspiré el olor del incienso que quemaba el gran “botafumeiro” mientras iba de un lado al otro del crucero de la Catedral, curiosamente usado antaño para disimular el olor de los peregrinos. Después de cumplir con esos ritos inicié el tramo final del camino hacia el Fin de la Tierra de los celtas, aquella costa que horrorizó al General romano Décimo Junio Bruto cuando vio caer el Sol en el mar, seguido de una gran llamarada que salía de él.

Mi idea era llegar andando a la ría de Corcubión pero mi agotamiento hizo que me detuviera en una pequeña aldea marinera donde pregunté a unas paisanas por algún sitio donde pudieran darme habitación y comida un par de días. Una de ellas, con cara de disgusto, me dijo secamente en gallego:

—Onde Carmiña, a do Inglés, estará ben.

Después tuve que preguntar sorprendido y curioso dónde era eso de “Carmiña, a do Inglés” y pasados varios minutos de preguntas y respuestas pude, al fin, salir de la aldea, subir por un camino rural y llegar a un gran caserón desde donde se veía el mar. Carmiña, a do Inglés, vivía sola en una gran casa de piedra, restaurada y desde donde lo días claros se podía ver en todo su esplendor parte de la mítica y misteriosa “Costa da Morte”.